(700 d.C. - 1.100 d.C.)


 

Los severos cambios climáticos originados por la Corriente del Niño iniciados en 530 d.C. y que durarían 30 años consecutivos, desatando una sequía, motivaron que hacia el año 550 d.C. los pobladores de los cacicazgos Huarpa, en la región de Ayacucho, se cohesionaran y constituyeran el sitio de Huari, en el mismo Ayacucho, como Centro Urbano. La población se agrupó en barrios.

De otro lado Tiahuanaco, eje tecnológico y religioso de la puna, heredero de las Culturas de la vera del lago Titicaca, y confirmándose en la quintaesencia de la adaptación del ser humano en el difícil terreno del altiplano andino, se transformaba en Centro Religioso con la población ubicada cerca de los edificios públicos y no dispersa como en la época anterior.

La expresión cultural de Tiahuanaco (aportando tecnología y religiosidad), alcanzó Ayacucho en pleno desarrollo de la Ciudad de Huari y acompañó la expansión imperial Huari allí hasta donde  alcanzó

Es por ello que se viene llamando Tiahuanaco-Huari al Fenómeno Huari.

La región donde se gestó la ciudad de Huari no satisfacía todas las necesidades de esta gran urbe, no podía cobijar a la población que la habitaba por lo cual la expansión comenzó de manera progresiva hacia las diferentes regiones de los Andes.

Inicialmente frente a la urgente necesidad de reubicar gente, en la región de Ayacucho se crearon centros administrativos en zonas estratégicas siguiendo un plano o patrón ortogonal.

Los hombres de Huari se propagaron tanto hacia el Sur como hacia el Norte expandiendo una ideología tendente a forjar una organización estatal eficaz en la producción y en la distribución de los productos alimentarios.

Junto a esta expansión “comercial” y militar, agresiva, característica de Huari, se extiende también como arrastrada, y con personalidad pacífica, la cultura Tiahuanaco, que aportó la tecnología, el arte (en especial la CERÁMICA) y la religiosidad a los Huari, el brazo militar, allí a donde fueron éstos.

El avance Huari sobre las regiones ocupadas por Nazca y Lima impidió la reintegración de estas culturas.

En esta expansión, Huari, más que nuevos territorios se buscaba controlar poblaciones que tributaran en trabajo.

En este sentido, los Huari emplearon dos formas para su conquista.

1) De un lado las alianzas con los curacas locales, donde la tributación en trabajo fue fluida. Estos sitios poseían centros administrativos en funcionamiento (Cajamarquilla, Galindo, Pachacamac, etc).

2) Por otro, en lugares sin grandes desarrollos, como la Sierra Norte y Central, debieron organizar la administración y reubicar a la población local con un centro principal (de patrones ortogonales), para su gobierno.

LAS CIUDADES

Mientras Tiahuanaco ofreció en esta expansión imperial, conducida por Huari, sus conocimientos técnicos, artesanía y religión, Huari aportó un nuevo concepto de organización poblacional, un nuevo concepto administrativo: la Ciudad.

La Ciudad se diferenciaba del villorrio hasta entonces existente no sólo por su mayor población y tamaño, sino, sobre todo, por la complejidad de la composición de su fuerza de trabajo y por un modo de vida más sofisticado.

La Ciudad pasó a:

- Ser centro de transformación de la producción primaria.

- Albergar una población permanente que exhibía mayoritariamente una clara distribución del trabajo.

- Cumplir con actividades netamente urbanas, tal como ser centro administrativo, control político, religioso y militar.

- Ser un centro de servicios. 

- Disponer de importantes  edificaciones destinadas al almacenamiento de excedentes.

La creación de una Ciudad totalmente nueva no es habitual en el mundo andino, sino que aparece como remodelación de asentamientos tradicionales. Por ello la Ciudad en la época Huari, precisó de muchos años para tener calidad como tal y al final su estructura obedeció a ciertos patrones desordenados precisamente porque no nació con organización, sino producto de ir adaptándose al crecimiento.

Así es como el asentamiento, originalmente abastecido bajo una exclusiva base agraria, empezó a vivir de la producción urbana -cerámica más elaborada, en particular- a expensas del campo. Las vasijas eran cambiadas por el maíz en procesos ancestrales de trueque, un sistema de comercio sin dinero -ya que éste les era desconocido- que convocaba a los campesinos para que intercambiasen su producción en el “mercado”.

Al aumentar la población del centro poblacional, ese intercambio se tornó insuficiente para mantenerla.  La Ciudad corría el riesgo de ser abandonada o se producía un desplazamiento poblacional hacia otros núcleos donde se repetía el proceso.

“GLOBALIZACIÓN” HUARI

La expansión territorial de la cultura Tiahuanaco-Huari, no implantó estrictamente en todas partes el carácter “imperial” -es decir un espíritu que guiara toda la actividad humana en el territorio conquistado-, sino que fue un proceso de implantación de cultura  urbana, amparado por la base tecnológica, religiosa y artística que aportaba Tiahuanaco. 

En su proceso de expansión, Huari nunca pretendió gobernar-en su aceptación de ejercer el poder con toda la burocracia administrativa y la fuerza militar necesarias- todas las áreas de intercambio y/o dominadas cultural y quizás religiosamente. Lo que creó Huari fue algo parecido a lo que actualmente denominamos “globalización”, es decir un dominio económico y una integración comercial con impacto en el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo, de los diferentes grupos sociales del área andina.

Esta globalización alcanzó toda la Sierra Central hasta la actual Cajamarca. Por la Costa desde los reinos del Norte, incluido el valle del rio La Leche en Lambayeque, hasta los valles de los ríos Ocoña y Moquegua, en el Sur, donde se creo una frontera pacífica con Tiahuanaco.

En el Norte, al llegar los Huari aun dominaban los Moches a los que hicieron desaparecer. En el Sur la convivencia Huari con Tiahunacon la Costa, los Nazca mostraban en sus representaciones simbología andina tiahuanacoide.

En la Costa, la presencia Huari hizo que se construyeran Ciudades por primera vez. Estas aparecían reemplazando o remodelando los villorrios de las antiguas culturas costeñas. Chanchán sería la Ciudad más representativa, ya en periodo Chimu.

Los Huari encontraron en la Costa unas culturas con estilo de vida diferente al serrano de donde procedían. Encontraron un estilo de vida menos riguroso y disciplinado -lúdico, quizás- , más sensual, sangriento y muy creativo artísticamente, y también la adopción y aprendizaje de técnicas novedosas para desarrollo agrario en terrenos desérticos. 

LA CIUDAD DE HUARI

La ciudad de Huari surgió en un valle pequeño, circundado por áreas bastante áridas.

La ventaja del sitio Huari, pese a las aparentes complicaciones, fue su estratégica ubicación. Ayacucho es un punto intermedio entre los contactos de la Costa (en especial los Nazcas), con los Andes del Sur y la Selva Alta.

Las ruinas de Huari corresponden a una inmensa urbe ubicada la noroeste de la actual ciudad de Ayacucho. En el conjunto se observan grupos arquitectónicos situados entre los centros ceremoniales como residencias, cementerios y zonas de manufactura.

Estas zonas estuvieron organizadas en barrios ya que presentan una serie de recintos amurallados trapezoidales, rectangulares o cuadrados, con vías de comunicación anchas y largas que albergaban recintos aglutinados por el trabajo artesanal.

El conjunto dispuso de una red de distribución y controles de agua por medio de canales de piedra, tanto abiertos como cubiertos.

CERÁMICA HUARI O TIAHUANACO-HUARI

La cerámica Huari tuvo tres influencias bien marcadas:

a) HUARPA en la tecnología para hacer la cerámica.

b) NAZCA, en la policromía de sus diseños.

c) TIAHUANACO, por los motivos pintados, basados en la Portada del Sol.

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